MERENDERO LEONCITO DAN
de amor y esperanza se vivió ayer en La Católica
Actividades que ennoblecen a la condición humana. Un gesto que permitirá seguir soñando a cientos de changuitos.
En un mundo donde reina el escepticismo, hay actitudes
que nos devuelven la esperanza de habitar un lugar donde el amor sea el valor que sostenga a la sociedad. Por suerte, esos gestos afloran y nos invitan a pensar que no todo está perdido en la vida.
Lo realizado, en Santiago, por el grupo solidario de Buenos Aires Leoncito Dan, conformado por sesenta almas, confirma esta acepción. Ayer, al inaugurar un merendero en La Católica marcaron con su ejemplo una historia que cambia el dolor por la esperanza.
De aquel precario espacio donde funcionaba el comedor por impulso de
Adriana Yapur, una joven del lugar, hoy cuentan con una estructura edilicia más confortable y con material de lectura y recreación que es también un alimento para el alma.
Esos sesenta corazones bondadosos que integran Leoncito
Dan, contribuyeron a que este comedor siga brindando a los changuitos una enorme contención. Un trabajo sostenido que empezó hace tiempo cuando, Manuel Lozano, de la Red Solidaria, se puso en contacto con Paula y Gabriel, los padres de Dan Gromadzyn, nombre completo de Dan, para que continuaran con su accionar solidario en Santiago del Estero.
Ayer, mientras el sol quemaba en la tarde, Paula y Gabriel inauguraron oficialmente el comedor Leoncito Dan, y marcaron a fuego la continuidad del trabajo solidario que realizaba su hijo en un comedor de Claypole (Buenos Aires) adonde llevaba ayuda y diversión a los más
chicos y necesitados. Y allí estuvieron todos, desde estos padres que
transformaron el dolor en esperanza hasta Manuel Lozano quien, a través de la Red Solidaria, hace posible que los sueños se conviertan en una hermosa realidad.
En este acto, los chicos jugaron y cantaron el Himno a Leoncito Dan, su protector. En este acto, como uno más, estuvo Fernando Dente,
el ganador de High School Musical (ver página 6 de PURA VIDA). Hubo palabras de reconocimiento para quienes hicieron posible lo que parecía imposible. Hubo palabras que profundizaron sobre la importancia del amor familiar, las palabras no dichas, la posibilidad de aprender, la comprensión y la necesidad de valorarse a uno mismo.
En este encuentro de esas sesenta almas con los pequeños que viven a la altura de Saavedra y bordo, en el populoso barrio La Católica, estuvo presente el legado de Dan Gromadzy, un joven que falleció en el
año 2009 a raíz de una enfermedad terminal.